Sin embargo, a menudo esta fase importantísima del proceso de escritura se toma como algo accesorio, un proceso que se expedienta con rapidez, mezclado con la revisión que, a su vez, se mezcla con la corrección.
Pero la reescritura está tan íntimamente ligada a la escritura que es casi
imposible distinguirla de ella. No se puede escribir sin reescribir. Volver
una y otra vez sobre el texto, trabajar sobre él de forma exhaustiva,
obsesiva, atenta, sagaz y cuidadosa va unido al acto mismo de escribir. A
veces lo acompaña, a veces lo sigue, se entremezclan y son inseparables.
