“Cuando alguien me dice que no le gusta leer, lo único que se me ocurre es darle el pésame”
El escritor español acaba de publicar “No callar”, que reúne columnas, crónicas y ensayos publicados en las últimas dos décadas.
—En una columna habla de la dificultad de ponerle título a un libro. No callar es muy bueno, pero el volumen ¿podría haberse llamado Opiniones contundentes?
—Sí, pero yo no soy un gran fan de Nabokov. Hay gente a la que le sorprende, porque se supone que hay elementos en común y que yo debería estar influido por Nabokov. Pero no soy un gran fan. Algunos libros suyos me gustan y otros no me gustan nada. En particular, algunos de los ensayos de Opiniones contundentes me gustan poco. Además, yo no intento tener opiniones contundentes, esa es la verdad. Yo intento decir las cosas de la manera más clara y más nítida, y, quizás, como no prescindo del humor y de la ironía —porque entonces estaría muerto—, mis opiniones pueden sonar un poco contundentes. Pero no es mi propósito. Sobre todo, cuando se trata de cuestiones políticas. Solo que cuando triunfa la mentira, decir la verdad puede sonar provocador, contundente e incluso estridente.