Fragmento de un ensayo de Miguel de Unamuno en el que acuña los términos escritor “ovíparo” y escritor “vivíparo”, al referirse a la forma en que un escritor gesta y pare su producción literaria.
Siempre he creído que los escritores y los publicistas debemos ser muy sobrios en hablar de cosas del oficio, de procedimientos o de técnica del arte de escribir para el público. Con facilidad se olvida uno de que al público le importa muy poco cómo estén hechas las cosas, con tal de que le sirvan para algo, y con facilidad también caemos en creernos poco menos que aislados en el mundo. Así sucede que en las redacciones de los periódicos suele escribirse para las otras redacciones más que para el público, y que preocupa más que la opinión de éste la de los colegas. Y de los escritores no digamos nada, pues es cosa sabida que, si hay doscientos que gesticulen y vociferen en el tablado de las letras, cada uno de ellos publica doscientos ejemplares de cada una de sus obras, y, con sendas dedicatorias, se los reparten entre sí.