La Jornada de México, 5 de julio de 1987
A los 65 años, Augusto Monterroso es lo que se llama un tipo feliz.
Feliz porque, fundamentalmente, no se cree el cuento de ser importante ni de ser genio, no obstante, el reconocimiento que se hace siempre a su infinito poder narrativo. Para muchos este guatemalteco, que vive exiliado en México desde 1944, es el maestro de lo breve. Muchas de sus narraciones apenas superan dos párrafos y son célebres sus cuentos que caben en una sola línea.
Recientemente en Colombia apareció un volumen con la antología de sus cuentos, de la que García Márquez dice que "este libro hay que leerlo manos arriba. Su peligrosidad se funda en la sabiduría solapada y la belleza mortífera de la falta de seriedad".


