Javier, un niño de nueve años, nacido en 1990 en la Herradura, El Salvador, en 1999 fue puesto al cuidado de un coyote, don Dago, quien tenía por misión llevarlo a los Estados Unidos donde se reuniría con sus progenitores, el padre que había emigrado cuando el niño tenía un año de edad, y la madre Pati, que había cruzado la frontera México-Estados Unidos, cuando el niño tenía cuatro años.
Este viaje, que según don Dago el coyote llevaría a lo sumo dos semanas, terminó extendiéndose por más de dos meses, en una azarosa, ardua, tortuosa, solitaria, brutal y aterradora travesía de más de tres mil millas que lo llevó a través de Guatemala, en una peligrosa y espantosa carrera en bote por el Océano Pacífico hasta México, y a través de México al desierto de Sonora, donde tuvo que caminar largo y tendido bajo temperaturas extremas de calor durante el día y de frío durante la noche, caminatas que hubo de realizar en tres ocasiones pues fue aprehendido dos veces por la Migra y devuelto con su grupo a México. La segunda vez, el ranchero estadounidense que los sorprendió tomando agua de una manguera y los entregó a la Migra, les soltó dos perros pastor alemán y los encañonó con una escopeta.
