por Leibi Ng
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Mecho apoyó la carita en la mano y dejó la mirada perderse allá en el fondo del patio. La brisa movía las ramas de los árboles altos. La hierba seca subía en remolinos. Mariposas jugaban revoloteando, ya posándose sobre las flores, ya elevándose traviesas.
Los pensamientos de Mecho iban lejos, estaban en una cueva de los montes. Mirándole la expresión, casi nadie podría adivinar que el deseo secreto era convertirse en ciguapa. Para ello se valía de todas las imágenes que su abuela Gisela le había dibujado noche tras noche, mientras la mecía para dormirla.
