"Quien a hierro mata, no puede morir a sombrerazos". Dicho popular
El padre de Michael Fouché era zapatero remendón y borrachón empedernido. Él trabajaba en una esquina del mercado público del pueblo y eso lo ubicaba en uno de los niveles más bajos del escalafón social pueblerino. Lo único que le restaba un poco de anonimidad era su habilidad para hacer trampas casi imperceptibles preparando espuelas para gallos de pelea. Esa destreza le permitió encauzar la vida de su único hijo. En una ocasión preparó el gallo preferido del comandante militar de la comarca y a cambio de su servicio pidió que si el gallo ganaba el militar debía facilitar el ingreso de su hijo Michael al ejército. Él había tratado sin éxito de colocar a su hijo como maestro rural, pero carecía de suficientes relaciones a nivel municipal, ya que nunca había mostrado mucho entusiasmo en las actividades que se organizaban para vanagloriar al jefe. El gallo ganó y el militar cumplió.

