Poseidón estaba sentado ante su escritorio, haciendo cuentas. La administración de todas las aguas le daba enorme trabajo.
Podría haber tenido auxiliares, todos los que quisiera (y los tenía en gran número), pero desde que tomó su trabajo con la mayor seriedad, terminó revisando todos los números y cálculos por sí mismo, y en esta tarea sus auxiliares constituían una muy pobre ayuda.
