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Mostrando las entradas con la etiqueta Quiroga. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 23 de octubre de 2019
HORACIO QUIROGA (1879-1937)
Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, Uruguay, 31 de diciembre de 1878 – Buenos Aires, Argentina, 19 de febrero de 1937) fue un cuentista, y poeta uruguayo. Fue el maestro del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista. Sus relatos a menudo retratan a la naturaleza bajo rasgos temibles y horrorosos, como enemiga del ser humano. Fue comparado con el estadounidense Edgar Allan Poe.
viernes, 4 de enero de 2019
A LA DERIVA
Cuento de Horacio Quiroga
El hombre pisó algo blancuzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yaracacusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque.
El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.
El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho.
El hombre pisó algo blancuzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yaracacusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque.
El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.
El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho.
EL PRIMER CUENTO MÁGICORREALISTA
"El hombre muerto", 1920, de Horacio Quiroga (1)
por Seymour Menton
Aunque Horacio Quiroga se conoce como criollista por antonomasia, también merece el honor de haber escrito tal vez el primer cuento mágicorrealista, no sólo de la América Latina sino del mundo entero. Publicado por primera vez el 27 de junio de 1920 en el diario porteño La Nación, “El hombre muerto” comparte varios rasgos con la pintura mágicorrealista europea y norteamericana que irrumpe hacia 1918 como reacción contra el expresionismo. Por ejemplo, veamos el cuadro pintado en 1928 por el alemán Franz Radziwill, Accidente fatal de Karl Buchstätter. Aunque se trata de la muerte de un famoso piloto alemán, cuyo avión ya empezó a caer, el cuadro no tiene nada de dramatismo. El avión más bien parece suspendido en el centro del cielo en la parte superior del lienzo sin llamas ni humo. No se turba en absoluto la tranquilidad del paisaje rural pintado con una gran precisión en la parte inferior. Los paralelismos entre la pintura y la literatura respecto a este tema se refuerzan en el poema “Paisaje con la caída de Ícaro” (1954) del autor norteamericano William Carlos Williams, que describe sin emoción el cuadro pintado en 1555 por Breughel.
lunes, 3 de diciembre de 2018
EL BOOM DE LA LITERATURA LATINOAMERICANA Y VIDEOS DOCUMENTALES
Por Isaías Ferreira Medina
Nota introductoria: Este trabajo fue escrito alrededor de 2006. Después de haber sido divulgado en la Internet por varios medios, en diciembre de 2008 el blog "Historia del día" lo publicó añadiendo los diez videos documentales que siguen al artículo.
Durante la década de 1960 y siguiente, hubo una explosión en la narrativa de los países latinoamericanos que se ha conocido como el “Boom de la literatura latinoamericana”. Casi simultáneamente se publicaron varias obras que los críticos calificaban de “auténticas”, sin trazos de la literatura francesa o americana de las cuales se alimentaban, y cuyas técnicas y temática rompían con los patrones establecidos de la lucha entre hombre y naturaleza como fondo principal, que había sido hasta entonces, junto al regionalismo, la mayor preocupación de la narrativa latinoamericana. Por primera vez, según el decir de Naomi Lindstrom, la ficción latinoamericana “comenzó a asociarse con la imaginación, con la construcción narrativa innovadora y el tratamiento original del espacio y el tiempo de ficción”.
Nota introductoria: Este trabajo fue escrito alrededor de 2006. Después de haber sido divulgado en la Internet por varios medios, en diciembre de 2008 el blog "Historia del día" lo publicó añadiendo los diez videos documentales que siguen al artículo.
Durante la década de 1960 y siguiente, hubo una explosión en la narrativa de los países latinoamericanos que se ha conocido como el “Boom de la literatura latinoamericana”. Casi simultáneamente se publicaron varias obras que los críticos calificaban de “auténticas”, sin trazos de la literatura francesa o americana de las cuales se alimentaban, y cuyas técnicas y temática rompían con los patrones establecidos de la lucha entre hombre y naturaleza como fondo principal, que había sido hasta entonces, junto al regionalismo, la mayor preocupación de la narrativa latinoamericana. Por primera vez, según el decir de Naomi Lindstrom, la ficción latinoamericana “comenzó a asociarse con la imaginación, con la construcción narrativa innovadora y el tratamiento original del espacio y el tiempo de ficción”.
lunes, 17 de septiembre de 2018
EMIR RODRÍGUEZ MONEGAL
CRÍTICO EXTRAORDINARIO
Por Roberto González Echevarría
Emir Rodríguez Monegal, (nacido el 28 de julio de 1921, Melo, Uruguay; fallecido el 14 de noviembre de 1985 en New Haven, Connecticut, EE. UU.), profesor, editor y promotor cultural, fue uno de los críticos literarios latinoamericanos más influyentes del siglo XX. Publicó libros sobre figuras literarias claves como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Andrés Bello, Horacio Quiroga y José Enrique Rodó, y fue editor de la sección literaria de Marcha, un semanario de Montevideo, de 1945 a 1957. Entre 1966 y 1968 Rodríguez Monegal fue editor de "Mundo Nuevo", una revista literaria en español publicada en París que atrajo la atención internacional sobre los escritores que formaron lo que se conoció como el "Boom de la novela latinoamericana": Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, José Donoso y otros. También ayudó a lanzar las carreras de escritores más jóvenes como Guillermo Cabrera Infante, Severo Sarduy y Manuel Puig.
Por Roberto González Echevarría
Emir Rodríguez Monegal, (nacido el 28 de julio de 1921, Melo, Uruguay; fallecido el 14 de noviembre de 1985 en New Haven, Connecticut, EE. UU.), profesor, editor y promotor cultural, fue uno de los críticos literarios latinoamericanos más influyentes del siglo XX. Publicó libros sobre figuras literarias claves como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Andrés Bello, Horacio Quiroga y José Enrique Rodó, y fue editor de la sección literaria de Marcha, un semanario de Montevideo, de 1945 a 1957. Entre 1966 y 1968 Rodríguez Monegal fue editor de "Mundo Nuevo", una revista literaria en español publicada en París que atrajo la atención internacional sobre los escritores que formaron lo que se conoció como el "Boom de la novela latinoamericana": Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, José Donoso y otros. También ayudó a lanzar las carreras de escritores más jóvenes como Guillermo Cabrera Infante, Severo Sarduy y Manuel Puig.
martes, 26 de junio de 2018
MANUAL DEL PERFECTO CUENTISTA
Horacio Quiroga (*)
Una larga frecuentación de personas dedicadas entre nosotros a escribir cuentos, y alguna experiencia personal al respecto, me han sugerido más de una vez la sospecha de si no hay, en el arte de escribir cuentos, algunos trucos de oficio, algunas recetas de cómodo uso y efecto seguro, y si no podrían ellos ser formulados para pasatiempo de las muchas personas cuyas ocupaciones serias no les permiten perfeccionarse en una profesión mal retribuida por lo general y no siempre bien vista.
Esta frecuentación de los cuentistas, los comentarios oídos, el haber sido confidente de sus luchas, inquietudes y desesperanzas, han traído a mi ánimo la convicción de que, salvo contadas excepciones en que un cuento sale bien sin recurso alguno, todos los restantes se realizan por medio de recetas o trucos de procedimiento al alcance de todos, siempre, claro está, que se conozcan su ubicación y su fin.
Una larga frecuentación de personas dedicadas entre nosotros a escribir cuentos, y alguna experiencia personal al respecto, me han sugerido más de una vez la sospecha de si no hay, en el arte de escribir cuentos, algunos trucos de oficio, algunas recetas de cómodo uso y efecto seguro, y si no podrían ellos ser formulados para pasatiempo de las muchas personas cuyas ocupaciones serias no les permiten perfeccionarse en una profesión mal retribuida por lo general y no siempre bien vista.
Esta frecuentación de los cuentistas, los comentarios oídos, el haber sido confidente de sus luchas, inquietudes y desesperanzas, han traído a mi ánimo la convicción de que, salvo contadas excepciones en que un cuento sale bien sin recurso alguno, todos los restantes se realizan por medio de recetas o trucos de procedimiento al alcance de todos, siempre, claro está, que se conozcan su ubicación y su fin.
miércoles, 6 de junio de 2018
EL HOMBRE MUERTO
Cuento de Horacio Quiroga (*)
El hombre y su machete acababan de limpiar la quinta calle del bananal. Faltábanles aún dos calles; pero como en éstas abundaban las chircas y malvas silvestres, la tarea que tenían por delante era muy poca cosa. El hombre echó, en consecuencia, una mirada satisfecha a los arbustos rozados y cruzó el alambrado para tenderse un rato en la gramilla. Mas al bajar el alambre de púa y pasar el cuerpo, su pie izquierdo resbaló sobre un trozo de corteza desprendida del poste, a tiempo que el machete se le escapaba de la mano. Mientras caía, el hombre tuvo la impresión sumamente lejana de no ver el machete de plano en el suelo.
El hombre y su machete acababan de limpiar la quinta calle del bananal. Faltábanles aún dos calles; pero como en éstas abundaban las chircas y malvas silvestres, la tarea que tenían por delante era muy poca cosa. El hombre echó, en consecuencia, una mirada satisfecha a los arbustos rozados y cruzó el alambrado para tenderse un rato en la gramilla. Mas al bajar el alambre de púa y pasar el cuerpo, su pie izquierdo resbaló sobre un trozo de corteza desprendida del poste, a tiempo que el machete se le escapaba de la mano. Mientras caía, el hombre tuvo la impresión sumamente lejana de no ver el machete de plano en el suelo.
lunes, 21 de mayo de 2018
DECÁLOGO DEL PERFECTO CUENTISTA
Horacio Quiroga (*)
(1878-1937)
1. Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.
2. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
3. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia
(1878-1937)
1. Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.
2. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
3. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia
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