Gordo, gordinflón, glotón…
En una sociedad cruel e hipócrita, donde abundan los prejuicios y los “imperfectos” son los “otros”; quienes no caen dentro de la convención de "belleza" y "presencia atractiva", o su conducta, costumbre y/o comportamiento se apartan, aunque sea un milímetro, de lo que nos ha sido impuesto y sostiene la tradición como mandato divino, un mote o etiqueta peyorativos es suficiente para identificar y definir a un individuo, aun sin conocerlo a fondo.
Estoy sentada tomando café y fumando en casa de mi amiga Rita y se lo estoy contando.
Esto es lo que le cuento.
Es ya tarde en un miércoles lento cuando Herb sienta al gordo en una mesa de mi sección.
