Por © Miriam Diez (1)
Hay gente que vive de la literatura. No porque se dedique a ella
profesionalmente. Viven de ella porque leer les da vida. Los alimenta. Los
salva. La literatura es espacio pero también es condición de posibilidad.
La literatura es refugio, y oxígeno neto y amable que permite vivir.
Algunos de ellos se han unido estos días a los Diálogos Globales que cada
noviembre organiza la Universidad de Georgetown en el CCCB (*).
La reflexión del escritor y ensayista Mohsin Hamid se ha centrado en la
construcción social de la raza y los privilegios,
reivindicando la literatura como un espacio fecundo para imaginar nuevas
formas de convivencia: más abiertas, flexibles y compartidas.



