La siguiente es una entrevista realizada en Caracas en 1982 al escritor argentino Julio Cortázar. Al tratarse de una breve escala en la capital venezolana, sobre un viaje hacia Managua como destino final, el diálogo cobra especial importancia habida cuenta de los temas que se tocan para el momento. En la pluma del escritor José Pulido, el encuentro es digno de rescate.
Una mosca dulcera, saltona y caprichosa quiere recorrerlo y se agarra con sus patitas a la superficie marrón de los zapatos. Luego avanza como alpinista por la larga pierna de un bluyín viejo, se ciega con el resplandor de una guayabera blanca y vuela hasta el hombro. Parece indecisa ante la barba, el cabello largo y medio despeinado. La cara de gladiador está allá arriba, la frente sobresaliente como un leve casco que se arruga y los ojos, dos peces azules suspendidos e inmóviles, pero atentos, están también en la cima. La mosca se decide, revolotea y en ese instante Julio Cortázar lanza un torbellino de humo de tabaco y la aventura llega a su final.







