sábado, 31 de enero de 2026

DECÁLOGO DE LOS DERECHOS DEL LECTOR SEGÚN DANIEL PENNAC

En su ensayo Como una novela (1992), el escritor francés Daniel Pennac definió diez derechos fundamentales para fomentar el placer de leer, liberando al lector de la obligación académica o social. Estos derechos buscan restaurar la libertad, el disfrute y la autonomía del lector frente a la lectura obligatoria: 
    1. El derecho a no leer: La lectura debe ser un placer, no una obligación moral o académica. Este principio garantiza la libertad de no leer cuando no hay ganas, tiempo o ánimo, evitando que la lectura se convierta en una tarea impuesta y fomentando el disfrute auténtico.
    2. El derecho a saltarse páginas: Saltar partes aburridas o innecesarias para continuar. Permite al lector obviar descripciones extensas o partes tediosas, manteniendo el interés sin la obligación de leer linealmente cada palabra.
    3. El derecho a no terminar un libro: Abandonar lecturas que no atrapan. Libera de la obligación de finalizar obras aburridas o insatisfactorias, sin importar su reputación. Otra manera de decir que la lectura es un placer, no una obligación, permitiendo dejar un libro que no atrapa para disfrutar de otros, aliviando la culpa y evitando la rigidez.
    4. El derecho a releer: Disfrutar de nuevo obras queridas. Defiende la libertad de revisitar libros, permitiendo profundizar la comprensión, encontrar nuevos ángulos, verificar detalles o simplemente disfrutar de nuevo una historia, validando la relectura como una experiencia activa y enriquecedora. 
    5. El derecho a leer cualquier cosa: Leer sin prejuicios (cómics, revistas, novelas). Este derecho promueve la libertad absoluta en la selección de materiales, ya sean novelas, cómics, revistas o instrucciones, sin prejuicios literarios. Este derecho fomenta el placer, la imaginación y la construcción de sentido, liberando a la lectura de la obligatoriedad académica y potenciando el gusto personal. 
    6. El derecho al bovarismo: Confundir la ficción con la realidad (involucrarse emocionalmente). Es la libertad de confundir la ficción con la realidad, permitiendo al lector sumergirse emocionalmente y vivir la historia intensamente. Conocido como una "enfermedad de transmisión textual", defiende la satisfacción inmediata, la identificación con personajes y la pasión por lecturas, a menudo adolescentes o "tontas", sin importar la calidad literaria.
    7. El derecho a leer en cualquier sitio: Adaptar la lectura a cualquier lugar y momento. Defiende la libertad de disfrutar la lectura en cualquier lugar—tren, baño, cama o parque—convirtiendo esperas y espacios cotidianos en refugios personales. Este derecho resalta la autonomía del lector para encontrar momentos de lectura, sin importar el entorno, soporte o circunstancia.
    8. El derecho a hojear: Ojear o picotear libros sin leerlos de corrido. Consiste en la libertad de explorar libros sin orden ni obligación, "picoteando" o leyendo partes dispersas para saborear el contenido, fomentando una relación placentera y curiosa con la lectura, contraria a la lectura sistemática. 
    9. El derecho a leer en voz alta: Compartir la lectura a través del sonido. Reivindica el sonido de las palabras como una forma esencial de dar sentido y ritmo a los textos. Esta práctica fomenta la comprensión, la conexión emocional entre lector y oyente, y transforma la lectura en un acto de simpatía y amor hacia el texto y quien lo escucha.
    10. El derecho a callarse: Defiende que la lectura es un acto íntimo y personal que no requiere dar explicaciones a los demás. No tener que justificar por qué leemos, qué leemos o cuánto hemos leído. No es necesario justificar o comentar lo leído con otros; el lector no debe explicaciones sobre sus gustos.
    Este decálogo es un llamado a respetar la intimidad del acto de lectura y a evitar que la lectura se convierta en una tarea forzada. Busca devolver la libertad y el disfrute al acto de leer, especialmente en entornos educativos o familiares donde la lectura puede percibirse como una imposición. 

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