lunes, 16 de marzo de 2026

RESEÑAS IRREVERENTES

por Alex Joyce, especialista en “demoliciones perversas”, según sus propias palabras. Sus reseñas son despiadas, irreverentes, (¿blasfemas?... usted decidirá), sobre obras reverenciadas y que en general se colocan entre las más respetadas de la literatura mundial. 



Yo no sé qué extraño embrujo ejerce sobre los hombres el nombre de lo antiguo. Dígase “Homero”, y todo el mundo se quita el sombrero como ante una aparición divina; pronúnciese “La Ilíada”, y las más jóvenes plumas tiemblan, los eruditos se inclinan, y los estudiantes —¡pobres víctimas del hexámetro!— se preparan a sufrir su penitencia con el estoicismo de Aquiles, que al menos tenía su botín de guerra y su cólera para entretenerse.

Yo, que no tengo más que paciencia y un ejemplar ajado de la traducción de Hermosilla, me he sentado estos días a leer la Ilíada, decidido a encontrar el genio inmortal de Grecia. Y lo he encontrado, sí, pero sepultado bajo tantas enumeraciones de naves, tantos epítetos formularios y tantos combates entre hombres que se parecen como gotas de vino aguado que bien podría uno confundir a Héctor con cualquier lancero de provincias.

martes, 10 de marzo de 2026

RESEÑAS IRREVERENTES

por Alex Joyce, especialista en “demoliciones perversas”, según sus propias palabras. Sus reseñas son despiadas, irreverentes, (¿blasfemas?... usted decidirá), sobre obras reverenciadas y que en general se colocan entre las más respetadas de la literatura mundial. 



Hay libros que se leen por deber, otros por gusto y algunos, como este Cien años de soledad, por ese embrujo colectivo que se apodera de los pueblos cuando deciden alzar un título a la categoría de reliquia sagrada. Y ya se sabe que cuando la multitud reverencia algo, uno, que ha recibido de la naturaleza el ingrato don de pensar, siente la obligación moral de desconfiar. Fue así como me adentré en Macondo: no por entusiasmo —que ya me gustaría a mí conservarlo intacto a estas alturas— sino por responder a la pregunta del millón de dólares: ¿Será esto realmente la obra maestra que me han prometido, o me espera otra velada de tedio encuadernado?

No bien pasadas las primeras páginas, comprendí que la empresa iba a ser ardua. A Macondo, como a tantos pueblos de esta tierra nuestra, no le faltan personajes, pero sí orden, claridad y hasta un poco de misericordia hacia el lector que intenta recordar quién es quién entre este ejército de Aurelianos y José Arcadios que pululan como si el nombre fuese moneda escasa. El empeño de recordar cuál personaje es hijo, tío, sobrino o primo del otro exigiría un árbol genealógico tamaño mural, y aun así sospecho que el escritor, en un rapto de humor, cambiaría las ramas cuando uno se distrajera. ¡Y luego dicen que la literatura es un placer!

martes, 3 de marzo de 2026

HABLA FUNDÉU


Recogemos en esta nueva lista algunos de los bulos lingüísticos, que no hoax, que más difundidos están o, al menos, a los que más frecuentemente nos enfrentamos en nuestro servicio de consultas.

Las mayúsculas no se acentúan
Las letras mayúsculas se acentúan de acuerdo con las mismas reglas que las minúsculas. De hecho, la Academia nunca estableció una normativa paralela para este tipo de letra; lo que sucedía era que, en las antiguas imprentas y en las primeras máquinas de escribir, resultaba técnicamente más complicado, y a veces directamente imposible, tildarlas. Pero hoy en día, con los medios de composición actuales, no hay excusa para no hacerlo.

lunes, 2 de marzo de 2026

RESEÑAS IRREVERENTES

por Alex Joyce, especialista en “demoliciones perversas”, según sus propias palabras. Sus reseñas son despiadas, irreverentes, (¿blasfemas?... usted decidirá), sobre obras reverenciadas y que en general son colocadas entre lo mejor de la literatura mundial. 



He tomado otra vez Rayuela, después de muchos años, con la saludable intención con que uno abre una medicina amarga: esperando el bien prometido, o recordado, y temiendo el sabor de ahora. He salido, no curado, sino con la sospecha de que el viejo frasco venía vacío y el prospecto escrito en francés.

Dicen que es novela, y tal vez yo también lo dije; sostengo hoy que es un mueble de Ikea sin tornillos, que exige del lector una fe activa y una llave Allen metafísica. Se nos invita a saltar capítulos como quien cruza charcos: no por necesidad, sino por deporte. El resultado es que uno acaba empapado de referencias, citas y humo intelectual, con la elegante sensación de haber participado en algo importante sin saber muy bien en qué.

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