lunes, 16 de marzo de 2026

RESEÑAS IRREVERENTES

por Alex Joyce, especialista en “demoliciones perversas”, según sus propias palabras. Sus reseñas son despiadas, irreverentes, (¿blasfemas?... usted decidirá), sobre obras reverenciadas y que en general se colocan entre las más respetadas de la literatura mundial. 



Yo no sé qué extraño embrujo ejerce sobre los hombres el nombre de lo antiguo. Dígase “Homero”, y todo el mundo se quita el sombrero como ante una aparición divina; pronúnciese “La Ilíada”, y las más jóvenes plumas tiemblan, los eruditos se inclinan, y los estudiantes —¡pobres víctimas del hexámetro!— se preparan a sufrir su penitencia con el estoicismo de Aquiles, que al menos tenía su botín de guerra y su cólera para entretenerse.

Yo, que no tengo más que paciencia y un ejemplar ajado de la traducción de Hermosilla, me he sentado estos días a leer la Ilíada, decidido a encontrar el genio inmortal de Grecia. Y lo he encontrado, sí, pero sepultado bajo tantas enumeraciones de naves, tantos epítetos formularios y tantos combates entre hombres que se parecen como gotas de vino aguado que bien podría uno confundir a Héctor con cualquier lancero de provincias.

Dicen los sabios que la Ilíada es el poema de la guerra, de la cólera y del destino. Y yo digo que es, ante todo, el poema del bostezo: veinte y cuatro cantos de repeticiones solemnes, donde los dioses se entretienen en disputas domésticas, los hombres se matan con admirable monotonía y los lectores —modernos al fin— buscamos en vano un poco de humanidad que no esté embalsamada en fórmulas.


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