Debo confesar que soy un fanático del boxeo, y lo he sido desde que tengo uso
de razón, lo que siempre es motivo de asombro para quienes, sea por casualidad
o de forma regular, interactúan conmigo, y consideran el deporte como un
despliegue de brutalidad primitiva despreciable. A algunos de ellos no les
cabe en la cabeza que un individuo dizque
civilizado y educado guste de esas cosas. Mi forma de
justificarlo es siempre hablar de que los contendientes son profesionales
altamente entrenados, con habilidades altamente desarrolladas que entran al
juego por su propio albedrío y conocen de los peligros a que se exponen.
Mi fascinación por los programas de investigaciones criminales, películas de
gánsteres, investigaciones forenses, de hospitales y médicos, son, según creo,
más fáciles de explicar pues, si bien exponen violencia y situaciones
sangrientas (y no es que sea yo muy amigo de la sangre y los
acuchillamientos), las justifico como curiosidad intelectual.
Por supuesto, los cuestionamientos siempre dejan en mí la duda de si mis
predilecciones son manifestaciones de la violencia reprimida que yace
profundamente en mí, la que podría desatarse sin control si circunstancias
determinadas crearan los estímulos que desencadenaran una reacción
impredecible.
¿Tengo una mente retorcida, perversa, enferma?
Y entonces encontré este libro de Coltan Scrivner, que me asegura que
no tengo una mente enferma y que, como yo, hay millones de personas
(consideradas normales) fascinadas por lo oscuro, cada uno en mayor o menor
grado. Y que es ello más bien una defensa evolutiva. Veamos.
¿Por qué tantas personas disfrutan las historias de asesinos seriales, las
películas de terror, los relatos de desastres o las imágenes
inquietantes?
A primera vista parece una contradicción: buscamos aquello que debería
producirnos rechazo.
Nuestra atracción por lo macabro no es una patología, sino un mecanismo
evolutivo de supervivencia diseñado para aprender sobre amenazas sin pagar
el costo de enfrentarlas.
Esa es la conclusión del psicólogo del comportamiento Coltan Scrivner,
autor de Morbidly Curious (Mórbidamente curioso), quien sostiene que
la curiosidad morbosa es una adaptación biológica universal; que esta
atracción no es una desviación de la naturaleza humana, sino una
consecuencia de cómo evolucionó nuestra mente.
A través de la ficción y el horror, los humanos logramos ensayar el
peligro desde un entorno completamente seguro.
Scrivner estudia lo que llama la curiosidad mórbida, definida
como el
interés por información relacionada con la muerte, la violencia, las
enfermedades o cualquier situación potencialmente peligrosa.
Según sus investigaciones, este impulso pudo haber proporcionado ventajas
adaptativas a nuestros antepasados.
Observar un depredador, comprender cómo ocurrió un accidente o aprender del
comportamiento de personas violentas permitía adquirir conocimientos
valiosos sin exponerse directamente al peligro. En otras palabras,
la curiosidad mórbida funciona como una forma de aprendizaje de bajo
riesgo.
En la naturaleza, muchas especies animales practican la
"inspección de depredadores". En lugar de huir de inmediato ante
un peligro latente, se detienen a observar a su verdugo para recopilar
información crucial sobre sus movimientos y estrategias.
Scrivner explica que
el cerebro humano funciona igual ante el cine de terror, las noticias
sangrientas o los documentales de crímenes reales. Nos asomamos al abismo de
lo grotesco porque nuestros ancestros necesitaban entender de dónde venían
las amenazas para no convertirse en víctimas. Consumir relatos oscuros nos
permite mapear las intenciones de mentes peligrosas y predecir situaciones
hostiles en el mundo real.
Por otra parte, jugar con el miedo dentro de los límites de la imaginación
ofrece ventajas emocionales significativas. Contrario al mito popular de que
los entusiastas de lo macabro carecen de empatía o son personas depravadas,
las investigaciones de Scrivner demuestran que los fanáticos del horror
suelen poseer una alta empatía cognitiva.
El horror y lo morboso actúan como un gimnasio emocional donde las personas
aprenden a regular su ansiedad y a construir resiliencia psicológica. Al exponernos voluntariamente a estímulos desagradables de forma controlada,
domesticamos el miedo real y entrenamos nuestras respuestas biológicas ante el
estrés.
Además,
nuestro cerebro presta especial atención a los estímulos amenazantes.
Desde una perspectiva evolutiva,
era más costoso ignorar un peligro real que prestar atención a una falsa
alarma.
Por ello, las escenas macabras o grotescas capturan nuestra atención con
facilidad. Lo que parece simple morbo es, en parte, un mecanismo diseñado para
recopilar información relevante para la supervivencia.
Scrivner también destaca que las personas difieren en el grado de
curiosidad mórbida que experimentan. Quienes obtienen puntuaciones más altas
suelen sentirse más atraídos por el cine de terror, los documentales sobre
crímenes reales o las noticias de acontecimientos extremos. Sin embargo, esto
no implica que deseen participar en esos hechos ni que carezcan de empatía.
Más bien, buscan comprender situaciones excepcionales y explorar, desde un
entorno seguro, aspectos oscuros de la experiencia humana.
En conclusión, desde la perspectiva de Coltan Scrivner,
la fascinación por lo macabro, lo morboso y lo grotesco no responde
únicamente al deseo de sensaciones fuertes ni nos fascina por un deseo
destructivo, sino por un imperativo de protección. Mirar aquello que nos asusta es la forma en que la evolución nos mantiene
alerta;
constituye una manifestación de la curiosidad humana, moldeada por la
evolución para ayudarnos a entender el peligro, anticipar amenazas y
aprender de ellas. La curiosidad macabra es, en última instancia, una
herramienta vital que utiliza el miedo simulado para enseñarnos a
sobrevivir. Lo oscuro nos atrae porque, paradójicamente, conocerlo pudo
haber contribuido durante miles de años a mantenernos con vida.
¿Por qué nos encanta el terror? ¡Lo llevamos en los genes!, Emily C. Hughes,
Infobae. Fuente original: THE NEW YORK TIMES BOOK REVIEW
En “Morbidly Curious”, el científico del comportamiento Coltan Scrivner
analiza nuestra adicción a lo sangriento, lo morboso y lo grotesco
Halloween: qué es la curiosidad macabra y por qué es bueno sentir interés por
lo desagradable y morboso, BBC Mundo News, en Yahoo
Morbidly Curious, Coltan Scrivner (en inglés)
Interpretación, reseña y análisis por Isaías Ferreira Medina, con la asistencia de la tecnología IA.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario