Versión 4
Por David Generoso
INTRODUCCIÓN
Escribir relatos cortos es tan fácil como tener una idea, madurarla y
ponerla negro sobre blanco. O tan difícil. Y ni siquiera hace falta tener la idea en la cabeza. Basta con
sentarse frente a una hoja o un dispositivo con un procesador de texto y
forzarte a contar una historia. Por cierto, si te parece chino mandarían lo
que te estoy contando, en este artículo te doy
argumentos en contra de la inspiración
y a favor del trabajo, trabajo y más trabajo.
Guardo en un
cajón cientos de relatos que he creado en los últimos años… Bueno, no
exactamente en un cajón. Están a salvo en una carpeta del ordenador a la que
llamo
‘RelatosPublicablesOK_ParaCorregirOK_RevisarDeNuevoOK_ReplantearOK_ArrojarALaPapelera.doc’. Espero que con el próximo cambio de equipo no olvide copiar esa carpeta a
un disco duro externo o
subirla a la nube, que es otra forma segura de trabajar.
Confieso que
he publicado tres libros de relatos,
‘D.I.O.S.’, ‘Cróhnicas con h’ y ‘TR3S. Cómo olvidar lo inolvidable y
otros relatos para recordar’. En los dos primeros me ayudó a presentarlos el añorado Antonio Fraguas
‘Forges’. El tercero lo prologó la fabulosa escritora Zoe Valdés. Y tengo un
cuarto en la recámara. Con esto quiero dejar claro que
experiencia no me falta a la hora de escribir cuentos cortos.
Voy a contarte
en diez pasos cómo escribir un relato corto que arrase en los concursos
literarios, con el que cierres la boca a tu cuñado y del que te sientas tan
orgulloso como de tu propio hijo o de ese día que te sacaron a hablar en clase
y te sabías la lección de pe a pa. No es fácil, pero si haces caso a estas
indicaciones, contarás con más herramientas a la hora de triunfar. Las ganas
de trabajar y la pasión por la escritura harán el resto.
Pero antes,
déjame que te argumente por qué los relatos breves son un arte literario de
primera magnitud. Quiero que salgas de este artículo con la sensación de
llevarte información valiosa. Y, espero, un amor eterno hacia los cuentos
cortos.
DIEZ MOTIVOS PARA AMAR LOS CUENTOS CORTOS
1. Son ideales para leer en el transporte público
¿Sólo tienes
tiempo para leer en el metro o en el autobús de camino al trabajo? ¿Te
fastidia dejar las novelas a medias porque has llegado a tu destino? Los
cuentos cortos son perfectos para esos trayectos.
En una sociedad en la que exigimos los contenidos más sintetizados por
falta de tiempo, los cuentos cortos deben erigirse como los reyes del Mambo. Entre 1,000 y 7,000 palabras, que es la medida estándar, se leen
perfectamente en un trayecto laboral. Arranque, meollo y desenlace. No te
dejarás ni un párrafo pendiente. Historia resuelta. Y a por otra al volver a
casa.
2. Los grandes escritores escribían cuentos cortos
Los relatos cortos no son terreno exclusivo de escritores emprendedores. No es algo que me haya sacado yo de la manga. Muchas de las vacas sagradas de
la literatura crearon obras maestras de extensión breve, además de novelas
memorables. He aquí algunos ejemplos:
- Truman Capote. «Cuentos completos»
- Ray Bradbury. «Crónicas marcianas».
- Charles Dickens. «La historia de nadie y otros cuentos».
- Gabriel García Márquez. «12 cuentos peregrinos».
- Charles Bukowski. «La máquina de follar».
- Ernest Hemingway. «Hombres sin mujeres».
- James Joyce. «Dublineses».
- Julio Cortázar. «Historias de cronopios y de famas».
- Mark Twain. «Cuentos selectos».
3. No hay demasiados personajes y es fácil recordar los nombres
Una de las características de los cuentos cortos es el número de personajes
que protagonizan la historia.
Generalmente es uno, con los secundarios limitados a los dedos de una mano.
Eso facilita aprenderse los nombres. Confieso que mi memoria es torpe y esto
me ayuda con la comprensión lectora.
Yo soy ese que
ve «Juego de Tronos» con una libreta al lado y una lista de nombres y
apellidos junto a las fotografías de los Lannister, Stark, Grejoy, Baratheon,
Targaryen y Martell. Y a alguno de mis sobrinos le he llamado más de una vez
con la expresión «eh, tú, el de rojo, ven aquí».
Si además de
leer te gusta escribir, puedes terminar un cuento corto a la semana. Eso te da
un bagaje como escritor muy interesante, una especie de máster acelerado, un
curso CCC en seis semanas.
¿Cómo?
Llevando a cabo el
#RetoRayBradbury. Fue la mejor decisión creativa que he tomado en años. Se trata de escribir
un relato corto a la semana durante 52 consecutivas. Ray Bradbury aseguraba
que no se podían escribir 52 relatos malos seguidos. Al menos un par de ellos
merecerán mucho la pena.
5. Multitud de concursos literarios solicitan historias con la longitud
de los cuentos cortos
Si eres de los que piensa que escribiendo no se gana dinero, desengáñate.
Hay miles de concursos literarios a lo largo de nuestra geografía para tus
cuentos cortos. Y algunos de ellos con suculentos premios en metálico. Si te interesa,
apúntate a mi lista de correo y cada dos semanas te envío varios de ellos.
Además, te regalo la guía «Concursator» que te ayudará a participar.
6. Lo bueno, si breve, cuento corto
Existe un
placer indescriptible (vaya mierda de escritor, pensarás)
en reducir a la esencia una historia para convertirla en un cuento
corto.
Hay que
corregir mucho, tomar atajos, condensar las descripciones, aprovechar los diálogos para que
la acción avance, eliminar adjetivos innecesarios, desnudar a los verbos de
adverbios sin que la frase pierda ni una pizca de significado (para eso hay
que elegir muy bien qué verbo usar en cada situación), reducir las tramas a lo
esencial, usar las elipsis, mostrar en lugar de contar…
El resultado es una pieza de relojería lista para dar la hora exacta y para
hacer explotar todo cuando el argumento lo requiera.
7. El arte de la insinuación
Pregúntale a
tu pareja si le gusta que le digan las cosas a la cara. Te responderá
afirmativamente casi con seguridad. En la comunicación diaria es la mejor
medicina para evitar resfriados.
¿Y a la hora
de seducir? Ahí las reglas del juego cambian sustancialmente y entra en escena
el arte de la insinuación. Una mirada puede abrirte las puertas del paraíso.
Un gesto te llevará a lugares donde pocos humanos han estado. No. Ni siquiera
Jesús Calleja.
En los cuentos cortos el arte de la seducción está presente detrás de cada
línea, tejiendo una malla que te empuja a leer la siguiente, que te guía de
un párrafo a otro, que te eriza el vello con cada escena hasta alcanzar el
orgasmo en un final que te deja boqueando y pidiendo más. Más. ¡Más!
8. Si no te gusta el cuento, no sufras: se acaba enseguida
No todo lo que leas te va a gustar. Aunque venga aconsejado por el gurú de
los reseñadores literarios en prensa o por el más influencer de los booktubers. Existe la
posibilidad de quedarte con un regusto amargo. O directamente con ganas de
golpear al autor.
La buena
noticia es que sólo te ha llevado 10 o 20 páginas llegar a esa conclusión. Y
que justo al doblar la hoja te espera una nueva historia que, esta vez sí, te
enamorará.
9. Es más fácil experimentar
Si escribes cuentos cortos, estás de suerte. La experimentación es casi
obligatoria. Al menos al principio, cuando navegas por el proceso de aprendizaje.
Que tu
protagonista sea un perro. O una planta, un poto, por ejemplo. O el viento que
circula entre los personajes.
Escribe el
relato en versos alejandrinos (repasa los apuntes de la ESO; o de BUP si eres
de los míos) y combínalos con líneas de diálogo. O escríbelo solo a través de
diálogos. Juega con los tipos de narradores y con los puntos de vista. Escribe
sobre el proceso de escribir.
Haz lo que te apetezca con el cuento corto. Para eso es una criatura
surgida de tu imaginación.
10. Historias para no dormir
Enamórate de ellos. Porque es lo más parecido a esas noches alrededor de
una hoguera contando historias. O al calor de una chimenea escuchando a tu abuelo narrar su infancia. O a
acurrucarte bajo las sábanas junto a tu hermano mientras inventáis hazañas, o
imagináis el futuro que se extiende ante vosotros, o dibujáis las reglas del
juego de la vida.
Ahora sí, vamos a ver esas claves.
CÓMO ESCRIBIR RELATOS CORTOS EN 10 PASOS
1. Elige el tema
Una anécdota
familiar, una conversación captada en el Metro, una noticia en el periódico,
un cotilleo de la vecina pesada, un sueño que apuntaste a medianoche, una
obsesión…
Cualquier idea sirve para escribir relatos cortos. Cuenta algo que le pase
a alguien. Así de sencillo y así de complejo. En
este artículo
escribí algunas ideas más.
Confieso que
yo no elijo los temas. Más bien ellos me eligen a mí. Me siento a escribir con
una frase en la cabeza y de ahí sale el cuento. Y a toro pasado, el tema. Una
vez que lo conozco, me toca revisar el texto para cambiar algunos matices.
2. Plantea la estructura: inicio, nudo y desenlace
Todo relato parte de un inicio, que debe ser una frase con la suficiente
fuerza como para enganchar al lector y crear un hilo conductor.
Siempre que puedas, empieza el relato en medio de la acción. Eso aumentará el
interés. Esta primera frase debe escribirse en función de la última. Así que,
si no has ideado ya el final de tu cuento, seguramente tendrás que
reescribirla una vez que lo hagas. Si quieres ver ejemplos de inicios de
relatos de grandes escritores,
aquí tienes once.
En el nudo, comprime la acción del relato. Incluye todos aquellos
incidentes que enriquecen y encaminan la historia hacia el desenlace. Es la
parte con chicha, el plato principal del menú. La intensidad debe ser tu
bandera. Pero recréate lo justo. En un relato no puede sobrar nada. Y todavía
te queda el postre.
El desenlace es esencial. Entre otras cosas, porque si le ha gustado
al lector, buscará más relatos tuyos para leer. De ahí la importancia del
catálogo, como dice Gabriella Campbell en
uno de sus artículos. Si no encuentra nada más, corres el peligro de que se olvide de ti.
El final debe dejarte con la boca abierta (idea: ofrecerle ejemplares
de
mis libros de relatos
al dentista). Puede ser un final lógico, imprevisible, una vuelta de tuerca al
argumento; o una última frase que deje la historia en el aire, con la
necesidad de una puntada que debe coser el lector. En ningún caso crees un
cliffhanger al estilo de las series de televisión. Eso está bien para cerrar el capítulo de una novela. Y mucho menos un
deus ex machina. Para finales que dejan mal sabor de boca, ya están
Los Serrano o Perdidos.
Yo escribo los
relatos por intuición. Arranco con una frase que me da vueltas en la cabeza y
tiro de ella hasta exprimirla. Y luego os doy a beber el zumo. Por ejemplo,
cualquiera de los relatos del
#RetoRayBradbury.
3. Tatúate esto al escribir relatos cortos: la trama es la acción
Esa anécdota,
sueño, desvarío, reflexión o chisme con el que iniciaste el relato, debes
vestirla con más incidentes. Con la acción, en definitiva. La manera en la que
colocas ese tejido, en la que dispones los elementos que desembocan en el mar,
sería la trama.
Mi consejo es que vayas aumentando la tensión del cuento, que gane en
intensidad hasta la explosión final.
Para mí es la
parte divertida, donde dejo volar la imaginación sin censurarla. Ya habrá
tiempo en la fase de corrección para cargarme (casi) todo lo que he escrito.
4. No expliques, muestra
Esta regla
vale para un relato corto o para una novela de mil páginas. Pero en un relato
corto se hace más necesaria que nunca, porque
ahorrar palabras es una de las bases del éxito, como verás en el punto
8.
Recuerdo a mi
profesor de Escritura Creativa, Jesús Ferrero, hablándome de la novela
autopsia. Consistía en mostrar los elementos, no pasarlos por el tamiz del
narrador. Que el lector sacase sus propias conclusiones. Un buen ejemplo de
esto son los cuentos de Raymond Carver.
No reproduzcas el monólogo interior del protagonista para explicar que está
cansado de la actitud de su hijo
(a no ser que el relato esté narrado en forma de monólogo interior). Muestra
con un par de acciones cómo el padre se aparta cuando su hijo viene a
abrazarle o cómo aprieta los dientes y los puños cuando el heredero elude sus
responsabilidades.
5. Permíteme que te dé algunos trucos para escribir relatos cortos
La elipsis es
una figura en la que podemos confiar para abreviar el relato corto.
No incluyas escenas que luego se expliquen con una frase final o con la
actitud del protagonista. No se trata de birlar información al lector, sino
más bien de jugar con su ausencia.
No abuses de las descripciones. En un cuento deben estar al servicio
de la acción. Y ser breves hasta niveles microscópicos.
Los diálogos también deberían estar apoyando a la trama, no sólo
mostrando a los personajes.
Intenta
limitar el tiempo a un período corto. No puedes hablar de la historia de una familia de pescadores a lo largo del
siglo XX. Eso déjalo para una novela. Limítate a narrar aquella vez que el
hijo mayor salvó al padre de morir ahogado con una espina de lubina vengativa.
6. Cuenta las palabras del relato corto
Cualquier
cuento menor de 1,000 palabras es un microcuento. Que también molan, pero
ahora no estamos en eso.
Un relato corto debe comprender entre 1,000 y 7,000 palabras.
Si se va más
allá, hasta las 17,000, es una novelette, que ya coquetea con la novela corta.
Pero aún le falta un movimiento más sensual de la cadera para llegar a ella.
Entre las 17,000 y las 40,000, hablamos de una novella o novela corta.
Mis relatos,
salvo cuatro o cinco excepciones que tengo ahora mismo en el horno, se
circunscriben a la versión corta. ¿Y los tuyos?
7. Escríbelo en un tiempo razonable
Si el relato
lo escribes durante un período muy largo, varios meses incluso, probablemente
tu situación vital cambie, y eso afecte al relato.
Lo ideal es terminarlo en una semana. Dos como mucho. Y después,
dejarlo reposar durante el tiempo que consideres para entrar en la fase más
importante: la de corrección.
8. Corrige con tijeras de podar
Si no tienes
jardín, acércate ahora mismo a Leroy Merlín y agénciate unas.
¿Ya has
vuelto? Pues manos a la obra.
•
Pregúntate si ha transcurrido el tiempo suficiente como para ver el relato con
otros ojos.
• Si es
así, léelo en voz alta. Las cacofonías o las repeticiones se detectan mejor.
• Te lo
dije en uno de mis artículos:
borra para escribir los mejores relatos cortos. No debe sobrarte ni una coma. Una frase que no esté justificada, resta
potencia al relato. Una palabra de más, es un éxito menos.
•
Encuentra el verbo adecuado. No lo adornes con adverbios.
• Los
adjetivos son el enemigo a batir.
•
Describe a tu personaje con un par de rasgos que de verdad lo identifiquen.
• Cíñete
a la acción del relato. Las digresiones déjalas para las reuniones del colegio
de tu hijo. O para las charlas futboleras.
• Revisa
los diálogos e intenta reducirlos a la mínima expresión.
• ¿De
verdad que esa descripción de sus ojos es necesaria? ¿Y esa otra de cómo las
lágrimas se suicidaban desde sus mejillas?
9. Envía el relato corto a un concurso literario
Si puedes,
compártelo en un grupo de Facebook para escritores y así recibes opiniones
sesudas (por cierto, el mío
es
‘Cómo escribir relatos cortos y divertirse’; serás muy bienvenido). O envíaselo a un lector cero profesional. O
que lo lea ese amigo o amiga que devora los libros…
Con todos los
consejos que recibas, le das un par de vueltas más al relato, y a triunfar. O
no. Entonces te centras en una nueva idea y a perfilar el mejor cuento que
seas capaz de escribir.
10. Lee a todos los grandes cuentistas
Aquí sirve la
misma teoría que para escribir una novela.
Lee a los grandes cuentistas: Chejov, Carver, Monzó, Poe, Borges, Vian,
Capote, Kafka… Si lo haces, algo se te pegará. Aunque apeste. Ya lo limpiarás luego.
Tomado del sitio web de
David Generoso

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