Érase una vez un príncipe que era profundamente infeliz. El rey envió
mensajeros en busca de la camisa de un hombre feliz, pues sus consejeros
le aseguraron que ese era el único remedio. Finalmente encontraron a un
humilde campesino que se sentía plenamente satisfecho con su vida. Pero,
por desgracia, el hombre feliz no tenía camisa.
¿Qué significa?
Este cuento transmite una paradoja sobre la felicidad:
• La felicidad no depende de las
posesiones materiales.
El único hombre verdaderamente feliz es también el más pobre.
• La riqueza y el poder no
garantizan la felicidad.
El príncipe, que lo tenía todo, era desgraciado; el campesino, que apenas
tenía bienes, vivía satisfecho.
• La verdadera felicidad nace de la
actitud interior, del contentamiento y la paz con uno mismo, más que de lo que se posee.
La ironía del final —que el hombre feliz no tuviera camisa— pone de manifiesto
que
la felicidad no puede adquirirse ni transferirse como si fuera un
objeto.
El remedio que buscaba el rey era imposible porque la felicidad no está en la
camisa, sino en la persona que la lleva… o que ni siquiera la necesita.
Adaptación (traducción del inglés) e interpretación por Isaías Ferreira Medina de una
antigua historia sobre la felicidad que aparece en distintas culturas.
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