En la entrevista de The Paris Review
con Svetlana Alexiévich, me informé de varias cosas desconocidas por
mí; por ejemplo, en lo más elemental, trajo a mi atención el término
Historia oral, que en mi mente confundía con Tradición oral y me
obligó a excavar más sobre las diferencias entre ambos términos y a
identificar los principales actores detrás de su práctica —de lo que hablaré
luego—; pero lo que me llamó más poderosamente la atención es
la forma compleja y exhaustiva en que Alexiévich recopila y organiza el
enorme material que amasa para elaborar sus sinfonías polifónicas.
En la ya varias veces aludida entrevista de
The Paris Review, Alexiévich
conversa con la periodista de investigación rusa
Elena Kostyuchenko sobre
el exilio, la violencia estatal en Bielorrusia y Rusia, y la necesidad
de escribir una historia de los sentimientos.
Su método artesanal e íntimo rechaza el reportaje rápido, priorizando la
recopilación manual y pausada de testimonios polifónicos para capturar la
verdad humana profunda.
Lo fascinante de la conversación, para mí, sin embargo, son los múltiples
pasajes particularmente reveladores sobre
cómo Alexiévich reúne testimonios, escucha, selecciona el material y
transforma cientos de conversaciones en una estructura literaria.
Como se trata de fragmentos protegidos por derechos de autor, mantendré breves
las citas y me centraré en las ideas que revelan.
Según sus confesiones, la preocupación primordial de Alexiévich es
escribir una "historia de los sentimientos" en lugar de registrar meros
datos fríos, enfocándose en la experiencia humana tangible por encima de la
ideología. Su método requiere ir más allá del periodismo convencional mediante la
paciencia y un proceso de “descapado psicológico”
para eliminar la banalidad y los discursos prefabricados. He aquí
algunas apreciaciones sobre su metodología:
1. Ella no se limita a «recopilar información»: excava bajo lo
evidente
Alexiévich explica que la tarea del entrevistador no consiste simplemente en
obtener datos y presentar hechos:
«Hay que hacer preguntas, por supuesto».
Pero el propósito de preguntar es más profundo:
despojar lo convencional o ensayado y llegar a algo más íntimo y
revelador.
The Paris Review describe su método como un intento de
«raspar la banalidad» y hacer que las personas se enfrenten a
aquello que rara vez expresan.
Esto es fundamental para su método:
la entrevista no es el material definitivo; es un proceso de excavación.
2. Ella deja que la conversación fluya y divague
Alexiévich se resiste firmemente al impulso periodístico de
ir directamente en busca del dato deseado.
Dice:
«Si vas directamente a la parte que necesitas, que es lo que hacen los
periodistas, no será interesante, y tampoco será la verdad. No la verdad
completa».
Para ella, la verdad no está necesariamente contenida en la respuesta directa
a una pregunta predeterminada.
Puede surgir de recuerdos, digresiones, detalles, contradicciones,
emociones y relatos aparentemente no relacionados.
Eso explica por qué
prefiere las conversaciones largas e íntimas a los cuestionarios
rígidos.
3. El entorno importa: las personas necesitan sentirse libres para
hablar
The Paris Review describe las conversaciones que Alexiévich prefiere
como
aquellas que tienen lugar a puerta cerrada, sin personas que puedan actuar
como «censores sociales», y que se desarrollan lenta e íntimamente.
Alexiévich compara la conversación ideal con el tipo de conversación que ella
misma está manteniendo con Kostyuchenko durante la entrevista.
Por tanto, su método de investigación no es simplemente la sucesión pregunta → respuesta → grabación.
Se parece más al flujo:
confianza → conversación → memoria → revelación → descubrimiento.
4. Ella reúne fragmentos, no historias ya terminadas
Este es quizá el pasaje más importante para comprender su técnica literaria.
En una entrevista anterior de The Paris Review, en octubre de 2017,
dice que
toma «todos estos fragmentos» y se propone crear una novela a partir de las
voces.
Distingue su método de la historia oral convencional porque utiliza
«las reglas de la escritura de novelas»: principio, trama, personajes.
Es esta una excelente clave para comprender a Alexiévich.
Ella no inventa las experiencias. Pero construye la arquitectura literaria
en la que esas experiencias aparecerán.
5. Ella suprime deliberadamente su propia voz interpretativa
Alexiévich ofrece un magnífico ejemplo relacionado con una historia del
Sitio de Leningrado. La anécdota original trata de un muchacho
hambriento que ve una albóndiga perteneciente a una prostituta y lucha consigo
mismo para decidir si debe cogerla. Los autores anteriores, dice, reflexionan
entonces sobre la «fortaleza del alma rusa».
Su reacción es, esencialmente:
no expliques la historia; la historia ya es más poderosa que tu
explicación.
Y lo expresa de manera memorable:
«No te quedes junto a la albóndiga».
Este principio ayuda a explicar la relativa desaparición de su propia voz
autoral en
El fin del «Homo sovieticus»:
confía en que el testimonio sea capaz de transmitir su propio
significado.
6. Sin embargo, ella sí transforma el material
Aquí es donde el método de Alexiévich se vuelve especialmente interesante —y
potencialmente controvertido.
En esta nueva entrevista ella reconoce que,
en determinadas circunstancias, puede combinar elementos de diferentes
testimonios. Explica que a veces tiene que «crear composiciones con las
historias» para que no pueda identificarse a los hablantes. Cuando Kostyuchenko le
pregunta
si a veces junta las historias de dos personas, Alexiévich responde que sí,
pero insiste: «Sigue siendo no ficción».
Ella define la verdad esencial no como la conservación literal de cada
transcripción, sino como la preservación de la precisión de las
impresiones, los sentimientos y la sensación de una época.
El editor de The Paris Review destaca precisamente esta tensión:
cientos de páginas de transcripciones pueden condensarse y reorganizarse en
una obra literaria mucho más breve.
7. Y detrás del libro terminado hay un archivo enorme
Su ciclo de cinco libros, Voces de la utopía, se construyó a partir de
miles de testimonios grabados. Por tanto,
los libros terminados son el resultado de un enorme proceso de escucha,
grabación, selección, ordenamiento, recorte y reescritura.
Su espacio de trabajo en Berlín, nos revela Kostyuchenko, ofrece una
imagen física de este proceso:
transcripciones, impresiones, libros, papel en blanco y páginas manuscritas
ocupan la mesa donde trabaja. Escribe los libros a mano y revisa extensamente el material.
La idea central
En conjunto, estos pasajes explican muy bien la formulación de que hablamos
anteriormente:
«Alexiévich convirtió la escucha en una forma de literatura».
De hecho, podríamos ir un paso más allá. Su método podría describirse con este
flujo:
escuchar → preguntar → profundizar → reunir voces → seleccionar → montar →
dar forma literaria.
Lo extraordinario es que
la materia prima pertenece a otras personas, pero la arquitectura final
pertenece a Alexiévich.
Es simultáneamente
entrevistadora, archivista, editora y compositora literaria, mientras
intenta que su propia voz explicativa sea lo menos intrusiva posible.
Esa tensión entre fidelidad a la voz y construcción literaria es
probablemente el aspecto más esclarecedor de la entrevista de
The Paris Review para comprender la obra de Svetlana Alexiévich.
UN PASAJE QUE MERECE ANÁLISIS
En el curso de la entrevista, me llamó la atención (entre muchos otros, por
supuesto) este pasaje que me parece merece atención detenida dentro del
contexto en que es externado:
"… simple, uneducated people are better storytellers than people who have
read Tolstoy and Dostoyevsky. They don’t lean on the kinds of things that
people like us usually say. The way we talk, how we socialize, it’s either
in banalities or in a system of codes. It isn’t like that for them, their
stories are total originals."
El pasaje es muy revelador porque Alexiévich no está haciendo simplemente
una comparación entre personas «cultas» e «incultas». Está hablando de
cómo la cultura, la educación y los hábitos sociales pueden influir en la
manera en que contamos nuestra propia experiencia.
Veamos la traducción
«Las personas sencillas, sin educación, son mejores narradoras que
quienes han leído a Tolstói y Dostoievski. No se apoyan en ese tipo de
cosas que nosotros [personas educadas] solemos decir. Nuestra manera de
hablar, nuestra forma de relacionarnos, se mueve entre las banalidades y
un sistema de códigos. En ellos no ocurre eso: sus historias son
completamente originales.»
¿Qué quiere decir Alexiévich?
La clave está en
«They don’t lean on the kinds of things that people like us usually
say».
(No se apoyan en ese tipo de cosas que nosotros [personas educadas]
solemos decir.)
Lean on significa aquí
apoyarse en algo, recurrir a algo que ya conocemos. Alexiévich
observa que
las personas con mayor educación y formación cultural disponen de un
repertorio de ideas, referencias y fórmulas expresivas que pueden utilizar
al contar sus experiencias.
Alguien que ha leído mucho puede, sin darse cuenta,
contar su propia vida utilizando las palabras, imágenes, conceptos o
modelos narrativos que ya ha encontrado en los libros y en la cultura.
Por eso menciona precisamente a Tolstói y Dostoievski. No está
criticando a estos escritores. Al contrario: los utiliza como símbolo de una
enorme tradición cultural que proporciona modelos para interpretar y expresar
la experiencia humana.
«Our way of talking... is either banalities or a system of codes»
(Nuestra manera de hablar… se mueve entre las banalidades y un sistema de
códigos)
Aquí Alexiévich introduce una oposición muy interesante.
«Banalities» son los lugares comunes, las frases hechas, las ideas
convencionales que todos repetimos.
Pero «a system of codes» va un poco más lejos:
se refiere a un lenguaje socialmente aprendido, un conjunto de
referencias y convenciones que nos permiten comunicarnos dentro de una
determinada cultura.
Una persona con formación política, intelectual o académica puede haber
incorporado —consciente o inconscientemente— las categorías y explicaciones
que circulan en la sociedad. Cuando le preguntas por una guerra, una
revolución o el pasado soviético,
puede responder utilizando conceptos ya elaborados:
patriotismo, heroísmo, victoria, traición, enemigo, nación, progreso,
etc.
La persona común, en cambio, puede hablar desde algo mucho más inmediato:
«Tenía miedo.»
«Mi hijo murió.»
«No había comida.»
«Esperábamos una carta.»
«Mi marido volvió y ya no era el mismo.»
Es decir,
en lugar de ofrecer una interpretación de la historia, ofrece su
experiencia de la historia.
Y esto es fundamental para Alexiévich.
Ella busca algo diferente:
la expresión singular que nace de la experiencia concreta de esa
persona.
Por eso sus preguntas son diferentes:
¿Qué sintió la gente?
¿Qué comió?
¿Qué perdió?
¿Qué recordó?
¿Qué hizo cuando tuvo miedo?
¿Cómo cambió su vida?
«Their stories are total originals»
(sus historias son completamente originales)
Esta es probablemente la frase más importante.
Cuando dice que sus historias son «total originals», no creo que
Alexiévich esté diciendo que la gente común sea intelectualmente superior;
significa más bien que hablan de manera directa, concreta, sin demasiada
elaboración ideológica.
Quiere decir que
su manera de contar lo vivido no parece derivar de un modelo literario o
cultural previamente aprendido.
Su relato puede ser extraño, fragmentario, contradictorio, coloquial o
incluso aparentemente desordenado. Precisamente por eso puede resultar
auténticamente suyo.
Y aquí aparece algo fundamental para comprender a Alexiévich:
ella busca la voz individual antes que el discurso elaborado.
La persona no necesariamente dice:
«La guerra produjo una transformación traumática en la identidad
colectiva.»
Puede decir:
«Después de la guerra, mi padre dejó de hablar.»
Para Alexiévich, esa segunda frase puede contener
una verdad humana mucho más profunda que la primera.
Una paradoja
Hay una paradoja muy llamativa en todo esto.
Alexiévich es una escritora extraordinariamente culta. Ha leído precisamente a
los grandes autores de la literatura. Sin embargo,
cuando entrevista a alguien, intenta no imponerle un lenguaje literario
aprendido.
Su trabajo consiste, en cierta manera, en hacer lo contrario de lo que haría
un escritor tradicional:
no inventar una voz, sino descubrirla.
Por eso la escucha es tan importante en su obra.
Ella quiere llegar a ese momento en que una persona deja de hablar con las
fórmulas que ha aprendido socialmente y empieza a decir algo que solo ella
podría haber dicho.
Y esto conecta directamente con la formulación que hemos expresado varias
veces anteriormente:
Alexiévich convirtió la escucha en una forma de literatura.
Porque
lo que ella escucha no son simplemente datos o información histórica.
Escucha la aparición de una voz individual. Luego selecciona, organiza y
monta esas voces para construir sus libros.
En ese sentido,
«sus historias son completamente originales» podría entenderse
como:
no parecen prestadas de la cultura; nacen directamente de la vida
vivida.
Por eso su obra puede entenderse
como una historia de la experiencia humana, más que como una
historia de acontecimientos políticos.
Y AQUÍ APARECE ALGO MUY IMPORTANTE EN SU LITERATURA
Alexiévich
busca precisamente esas pequeñas verdades que no suelen aparecer en los
grandes relatos históricos.
Una guerra puede quedar registrada oficialmente como
una victoria.
Pero miles de testimonios pueden revelar que,
para quienes la vivieron, también fue hambre, miedo, mutilación, pérdida,
culpa, amor, supervivencia y silencio.
Por eso su método de escuchar a la gente común tiene
una dimensión casi democrática de la memoria:
no permite que la historia quede exclusivamente en manos de quienes
tienen el poder de escribirla.
Y esto conecta (otra vez) muy bien con la formulación:
Alexiévich convirtió la escucha en una forma de literatura.
Porque ella escucha precisamente
allí donde la historia oficial suele hablar por los demás.
Alexiévich intenta que sean los propios protagonistas quienes hablen.
Hay, sin embargo, una ironía importante:
ella dice que esas personas dicen la verdad, pero después ella misma
selecciona, corta, yuxtapone y organiza sus palabras para construir el
libro. Es decir, la verdad de la experiencia llega al lector a través de
una construcción literaria.
Y otra paradoja
Y aquí nos encontramos con una gran paradoja —y también una de las mayores
riquezas— de la literatura de Alexiévich:
ella quiere desaparecer detrás de las voces de los demás, pero es
precisamente ella quien convierte esas voces dispersas en una obra
literaria.
O sea, la construcción literaria, al transformar el material bruto, obligatoriamente lo despersonifica y hace saltar la voz que busca permanecer tras bambalinas a un primer plano.
Puede acceder a la entrevista en
The Paris Review

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