viernes, 11 de septiembre de 2026

RAY BRADBURY SOBRE CÓMO HACER LISTAS PUEDE ESTIMULAR TU CREATIVIDAD


Susan Sontag sostenía que las listas confieren valor y garantizan nuestra existencia. Umberto Eco veía en ellas «el origen de la cultura». Pero las listas, resulta ser, pueden constituir una herramienta extraordinariamente poderosa para sacudir a la musa y hacer que se manifieste: un poderoso detonante de esa etapa de procesamiento inconsciente tan fundamental para el proceso creativo, en la que el divagar de nuestra mente hace posible que ocurra la magia.

En Zen en el arte de escribir, uno de estos diez libros esenciales sobre escritura, Ray Bradbury (22 de agosto de 1920–5 de junio de 2012) describe un inusual ejercicio creativo que empleaba cuando tenía poco más de veinte años: comenzó a elaborar largas listas de sustantivos como detonantes de ideas y posibles títulos para sus cuentos:

«Estas listas eran, en última instancia, las provocaciones que hacían aflorar lo mejor de mi obra. Estaba tanteando el camino hacia algo auténtico, algo oculto bajo la trampilla situada en la parte superior de mi cráneo.

Las listas eran más o menos así:

EL LAGO. LA NOCHE. LOS GRILLOS. EL BARRANCO. EL ÁTICO. EL SÓTANO. LA TRAMPILLA. EL BEBÉ. LA MULTITUD. EL TREN NOCTURNO. LA SIRENA DE NIEBLA. LA GUADAÑA. EL CARNAVAL. EL CARRUSEL. EL ENANO. EL LABERINTO DE ESPEJOS. EL ESQUELETO.»

Con el tiempo, Bradbury llegaría a expresar su convicción de que la mente intuitiva es la que impulsa la gran escritura, pero fue a través de estas listas como intuyó el poderoso mecanismo de reconocimiento de patrones que alimenta la creatividad. Haciéndose eco de la noción de Einstein del «juego combinatorio», Bradbury reflexiona sobre el verdadero valor de elaborar estas listas:

«Empezaba a ver un patrón en la lista, en aquellas palabras que simplemente había lanzado sobre el papel, confiando en que mi subconsciente, por así decirlo, les diera alimento a los pájaros. Al echar un vistazo a la lista, descubrí mi antiguo amor y mi antiguo miedo relacionados con los circos y los carnavales. Recordé —y luego olvidé, y después volví a recordar— lo aterrorizado que había estado cuando mi madre me llevó por primera vez a montar en un carrusel. Mientras el organillo chillaba, el mundo giraba y los terribles caballos saltaban, añadí mis propios gritos al estruendo. No volví a acercarme al carrusel durante años.

Cuando finalmente lo hice, décadas más tarde, me llevó hasta el corazón de Something Wicked This Way Comes (La feria de las tinieblas).»

Así que siguió haciendo listas, con la esperanza de que estas desencadenaran esas asociaciones fructíferas que la mente racional guarda en los archivos de «conocimientos inútiles»:

EL PRADO. EL BAÚL DE JUGUETES. EL MONSTRUO. EL TIRANOSAURIO REX. EL RELOJ DE LA CIUDAD. EL VIEJO. LA VIEJA. EL TELÉFONO. LAS ACERAS. EL ATAÚD. LA SILLA ELÉCTRICA. EL MAGO.

En el margen de aquellos sustantivos, tropecé con una historia de ciencia ficción que no era una historia de ciencia ficción. Mi título era “R is for Rocket” («C es para cohete»). El título con el que fue publicada era «King of the Grey Spaces» («El rey de los espacios grises»), la historia de dos muchachos, grandes amigos, uno de los cuales es elegido para ir a la Academia Espacial, mientras el otro se queda en casa.

Bradbury, quien más tarde compartiría enseñanzas intemporales sobre cómo resistir la tormenta del rechazo, recuerda:

«El cuento fue rechazado por todas las revistas de ciencia ficción porque, después de todo, solo era una historia sobre una amistad puesta a prueba por las circunstancias, aunque esas circunstancias fueran los viajes espaciales. Mary Gnaedinger, de Famous Fantastic Mysteries, leyó mi relato y lo publicó de inmediato. Pero, una vez más, yo era demasiado joven para comprender que “C es para cohete” sería el tipo de historia que me definiría como escritor de ciencia ficción: admirado por algunos y criticado por muchos, quienes observaban que yo no era un escritor de ciencia ficción, sino un escritor de “historias humanas” ¡y al diablo con eso!

Seguí haciendo listas, relacionadas no solo con la noche, las pesadillas, la oscuridad y los objetos guardados en los áticos, sino también con los juguetes con los que los hombres juegan en el espacio y con las ideas que encontraba en las revistas de detectives.»

Pero, más que limitarse a compartir la divertida historia de aquella peculiar costumbre de su juventud, Bradbury cree que esta práctica puede ser enormemente beneficiosa para cualquier escritor, tanto para quien ya escribe como para quien aspira a hacerlo, pues constituye una herramienta fundamental de autodescubrimiento:

«Si eres escritor, o esperas llegar a serlo, unas listas semejantes, extraídas de los recovecos de tu cerebro desequilibrado, bien podrían ayudarte a descubrirte a ti mismo, tal como yo anduve dando tumbos hasta que, finalmente, me encontré a mí mismo.»

Y él mismo se ofrece como prueba de ello:

«Comencé a recorrer aquellas listas, escogía un sustantivo y luego me sentaba a escribir sobre él un largo poema en prosa-ensayo.

En algún punto, aproximadamente a la mitad de la página, o quizá en la segunda página, el poema en prosa se transformaba en un cuento. Es decir, de repente aparecía un personaje y decía: “Ese soy yo”; o bien: “¡Esa es una idea que me gusta!”. Y entonces el personaje terminaba la historia por mí.»

Empezó a resultar evidente que estaba aprendiendo de mis listas de sustantivos, y que además estaba aprendiendo que mis personajes harían el trabajo por mí, si los dejaba en paz, si les daba rienda suelta; es decir, si les permitía tener sus fantasías y sus miedos.

Y exhorta al escritor que aspira a serlo:

«Conjura los sustantivos, alerta a tu yo secreto, saborea la oscuridad… habla en voz baja y escribe cualquier palabra, la que sea, que quiera saltar de tus nervios a la página…»

Poco antes de su muerte, Bradbury conversa con su biógrafo oficial, Sam Weller —quien también realizó la entrevista perdida de Bradbury en la Comic Con— y vuelve sobre el tema de hacer listas en una entrevista para The Paris Review:

«Hay tres cosas en tu cabeza. Primero, todo lo que has experimentado desde el día en que naciste hasta este mismo instante. Cada segundo, cada hora, cada día. Después, está la manera en que reaccionaste ante esos acontecimientos en el momento en que ocurrieron, ya fueran desastrosos o alegres. Esas son dos cosas que tienes en la mente para proporcionarte material.

Luego, separadas de las experiencias vividas, están todas las experiencias artísticas que has tenido: todo lo que has aprendido de otros escritores, artistas, poetas, directores de cine y compositores. Así que todo esto está en tu mente como un magnífico mantillo, y tienes que sacarlo de ahí.

¿Cómo hacerlo? Yo lo hice elaborando listas de sustantivos y luego preguntándome: ¿Qué significa cada sustantivo? Puedes hacer tu propia lista ahora mismo y sería diferente de la mía. La noche. Los grillos. El silbato del tren. El sótano. El ático. Los zapatos deportivos. Los fuegos artificiales. Todas estas cosas son muy personales.

Luego, cuando tienes la lista, comienzas a hacer asociaciones de palabras a partir de ella. Te preguntas: ¿Por qué escribí esta palabra? ¿Qué significa para mí? ¿Por qué escribí este sustantivo y no alguna otra palabra?

Haz esto y estarás en camino de convertirte en un buen escritor.

No puedes escribir para otras personas. No puedes escribir para la izquierda ni para la derecha, para esta religión ni para aquella religión, para esta creencia ni para aquella creencia. Tienes que escribir de la manera en que tú ves las cosas.

Yo le digo a la gente: haz una lista de diez cosas que odias y destrúyelas en un cuento corto o en un poema. Haz una lista de diez cosas que amas y celébralas.

Cuando escribí Fahrenheit 451, odiaba a los quemadores de libros y amaba las bibliotecas. Así que ahí lo tienes.»

(Eso es exactamente lo que hizo Roland Barthes en 1977, con un resultado encantador).

Zen en el arte de escribir sigue siendo un libro de lectura imprescindible en su totalidad y una excelente incorporación a la colección de consejos de grandes escritores. Puedes complementarlo con las reflexiones de Bradbury sobre escribir con alegría y con este fantástico documental de 1974 sobre su prodigiosa imaginación.



Approximation to Spanish by Isaias Medina of the original article “Ray Bradbury on How List-Making Can Boost Your Creativity”, taken without authorization from Maria Popova’s Website The Marginalian.
© Both, the original work and this translation are the property of Maria Popova.

Aproximación al español por Isaias Medina del artículo original Ray Bradbury on How List-Making Can Boost Your Creativity, copiado sin autorización de la página Web de Maria Popova,The Marginalian.
© Tanto el trabajo original como esta traducción son propiedad de Maria Popova.



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